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  • SDC17683
  • La-Grande-Odyssee-2010 3136

Especificidades nutricionales relationadas con el esfuerzo fisico

 

En el perro, al igual que en el hombre o el caballo, el trabajo intenso o la competición deportiva inducen un gasto energético especifico y un estrés, tanto orgánico como psicológico. Pero además, en esta especie, contrariamente a lo que sucede en las otras, se sobreañade el concepto de tamaño, la alzada del perro, que genera a su vez especificidades nutricionales que se deben tener en cuenta en el alimento final.

De esto resulta que es necesario implementar un ajuste nutricional, para lo cual se deben considerar las necesidades energéticas cuantitativas y cualitativas relacionadas con el trabajo muscular, pero también las modificaciones de estas necesidades nutricionales engendradas por el tamaño y el estado de estrés del animal. Globalmente, un alimento adaptado a un perro de deporte debe:

-    proporcionar una energía de óptima calidad en cantidades adecuadas;

-    minimizar lo más posible el volumen y el peso del bolo intestinal (alimentos hiperdigeribles e hiperconcentrados);

-    contribuir a mantener un estado de hidratación adecuado del animal;

-    tener en cuenta el tamaño del perro;

-    poseer un posible efecto tampón sobre la acidificación metabólica eventualmente inducida por el trabajo;

-    contribuir a optimizar el resultado de otras acciones ergogénicas (entrenamiento, etc.);

-    compensar los vacíos fisiológicos inducidos por el estrés;

-    constituir un verdadero elemento preventivo de las afecciones gastrointestinales relacionadas con el esfuerzo.

Así mismo, dicho alimento deberá respetar las especificidades de tamaño del animal, según un enfoque "pequeño", "mediano" y "grande", hoy en día bien establecido científicamente.


Modificaciones cuantitativas de las necesidades energéticas


Las necesidades cotidianas de un perro que trabaja son ciertamente mayores que las que corresponden al simple mantenimiento del mismo perro, pero dependen de numerosas variables y todavía resultan difíciles de predecir. El objetivo principal de cada utilizador debe ser mantener el peso de buenas condiciones físicas del perro, pesándolo cada semana para ajustar las cantidades de alimento que se distribuyen.

Un cierto número de datos han permito precisar este enfoque en los casos muy distinto del galgo de carrera y del perro de trineo.

Así, para el Greyhound, se pueden estimar las estrictas necesidades energéticas generadas por una sola carrera de menos de 30 segundos mediante el cálculo de la deuda de oxígeno contraída, lo que conduce a un resultado de aproximadamente 75 kcal.

Otra modelización, tomada del ser humano, muestra que para un esfuerzo dado, el gasto energético relacionado con el movimiento es independiente de la velocidad para las fuerzas no aerodinámicas, y depende del cuadrado de la velocidad para la resistencia del aire; se incluye así la energía necesaria para la aceleración inicial, que hace que el perro pase de una velocidad inicial nula a su velocidad de carrera. Según este modelo, el gasto energético de un Greyhound que participa a una carrera de 480 metros a una velocidad de 17 m/s es de aproximadamente 70 kcal, valor muy cercano al que habíamos evaluado por otro lado y que representa alrededor del 4 % de las necesidades energéticas de mantenimiento.

Pero a este enfoque teórico hay que agregar los demás factores que influyen en las necesidades energéticas del animal:

-    número de carreras en un día; si una carrera representa entre el 4 y el 5 % de las necesidades (aproximadamente 1.800 kcal para un perro de 30 kg, tomando como base 132 kcal EM/kg0.75), evidentemente, si el animal corre dos o incluso tres carreras cotidianas (caso de las carreras UICL), asociadas a la estancia en el box de salida, las necesidades energéticas van a aumentar;

-    las condiciones climáticas; en el perro, una disminución de la temperatura ambiente de 15°C a 8°C induce un aumento del 25 % de las necesidades de energía metabolizable. Durante el trabajo físico, las reservas de glucógeno de un organismo disminuyen más rápidamente en climas calientes, lo que se explica por el costo energético importante de la termorregulación.

Así, para un mismo perro y un mismo esfuerzo (Greyhound de carrera), las necesidades energéticas se sitúan dentro de una gama que oscila entre 150 y 190 kcal por kilogramo de peso metabólico (peso0,75).

Respecto al perro de trineo, sus necesidades energéticas se diferencian netamente de las de los demás perros de competición. En primer lugar, para un mismo peso, sus necesidades de mantenimiento son menores, en particular para la raza Siberian Husky (100 a 110 kcal de energía metabolizable por kg0,75). Esto se debe a un mejor rendimiento metabólico de la energía, a gastos de termorregulación reducidos por el aislamiento térmico que procura el pelaje y a la temperatura corporal de esta raza, ligeramente inferior a la norma.

Las investigaciones científicas realizadas sobre el perro de trineo han sido mucho más completas que en otros perros, debido a su valor como modelo irrefutable de esfuerzo de resistencia física extrema. La utilización de agua doblemente marcada (deuterio y tritio) ha permitido determinar perfectamente las necesidades cotidianas de los perros de trineo en diversas situaciones de carrera: en un día de carrera de tipo "Iditarod" (aproximadamente 200 km recorridos con una temperatura exterior de ‑35°C), este valor sobrepasa las 11.000 kcal (¡alrededor de 10 veces las necesidades de mantenimiento del perro!). En una situación de entrenamiento o de carrera, las necesidades evolucionan según el tipo de esfuerzo, la duración del mismo y la temperatura exterior.

En los demás perros, de manera esquemática, una hora de trabajo conduce a un aumento de aproximadamente el 10 % de las necesidades energéticas basales, lo que puede llevar a aumentar la ingesta energética del 40 al 50 % para una "jornada" de trabajo o de competición.

La gran mayoría de los deportes caninos se sitúa entre los dos extremos que representan el galgo de carrera y el perro de trineo. El agility, por ejemplo, se asemeja más al esfuerzo breve del galgo: entre 30 y 60 segundos de carrera y de obstáculos en una distancia de 100 a 200 metros, repetidos 5 o 6 veces en el mismo día. Por el contrario, el ring se presenta como una sucesión de ejercicios breves, pero que se encadenan a un ritmo más sostenido, en un lapso de tiempo más largo. En estos otros perros, las variaciones de la temperatura exterior parecen tener un impacto más importante sobre las necesidades energéticas del animal que en el caso del perro de trineo, cuya "zona de neutralidad térmica" es netamente más extensa.

 

Concepto de "calidad de la energía"

La calidad de la energía que se proporciona al perro durante el esfuerzo es de una importancia primordial, lo que conduce a definir los criterios de la energía óptima para el perro de deporte o de trabajo. Además de la naturaleza intrínseca de los nutrientes valorizados, se pueden considerar dos criterios cualitativos:

1.  la energía debe encontrarse rápida y fácilmente disponible en los sitios donde se la utiliza (célula muscular);

2.  el equilibrio de los componentes energéticos debe permitir que su combustión se realice con un mínimo de residuos, un máximo de eficacia y sin riesgo de bloqueo metabólico.

Þ Disponibilidad de la energía

Para llegar hasta su sitio final de utilización, la energía debe ser primero digerida y luego, metabolizada. Por consiguiente, para comprender las recomendaciones que se dictan, es importante considerar brevemente el comportamiento, frente a las modificaciones de la motilidad digestiva y las adaptaciones fisiológicas que se encuentran en el perro de deporte, de las familias de nutrientes ricas en energía: lípidos (9 kcalEM/g), fracción extractiva no nitrogenada (4 kcalEM/g) y proteínas (4 kcalEM/g), correspondiendo los valores a alimentos secos "premium" de alta digestibilidad.

Para efectuar una valoración correcta de la energía alimentaria, es necesario tener en cuenta la aceleración del tránsito digestivo inducida por el esfuerzo.

En primer lugar, se debe optimizar el tiempo de tránsito gástrico; si éste es demasiado corto, predispone a los fenómenos diarreicos inducidos por una mala predigestión de las proteínas y acentuados por el estrés; si es demasiado largo, puede provocar una estasis gástrica que puede favorecer vómitos y, sobre todo, torsión del estómago. No se dispone todavía de un real estudio científico del problema, pero la experiencia muestra que la presentación física del alimento que se proporciona desempeña un papel cierto, obteniéndose los mejores resultados en el perro de deporte con alimentos secos extruídos, ligeramente rehidratados media hora antes de la comida. En este caso, son preferibles las croquetas que conservan su forma inicial tras rehidratación, sin formar una verdadera sopa.

También se debe considerar la digestibilidad de las fuentes alimenticias; en efecto, frente a una velocidad de tránsito aumentada, los tiempos de ataque enzimático digestivo están restringidos.

Respecto a los almidones (parte preponderante de la fracción extractiva no nitrogenada), su digestión está a menudo limitada, habida cuenta de la actividad amilásica a veces mediocre del perro, en particular, en las razas de trabajo como el Pastor Alemán o los perro nórdicos. En el intestino, la velocidad de ataque de los almidones por la amilasa depende sobre todo del origen botánico de los mismos. Los procesos fisicoquímicos a los que se somete el alimento pueden destruir algunas uniones, aumentando así la superficie expuesta al ataque amilásico; de esta manera, se puede aumentar hasta cien veces (caso del almidón hervido) la eficacia de la digestión amilásica. Entre estos procesos, la dextrinización consiste en un tratamiento térmico seco que permite reducir las amilosas y las amilopectinas en moléculas de cadena corta llamadas dextrinas. Este término no corresponde exactamente a los almidones que se utilizan en la alimentación de los carnívoros domésticos (que están hervidos o extruídos), ya que los tratamientos que se imparten a estos últimos sólo alteran su estructura física. En el perro de deporte, es esencial que las fuentes de almidón utilizadas sean hiperdigeribles. En efecto, en comparación con las grasas, cuyo valor calórico es prácticamente dos veces y medio superior, los almidones aumentan de manera importante el volumen de la ración para los animales que requieren altos niveles energéticos debido a su actividad deportiva.

Ahora bien, un aumento, incluso reducido, del volumen ingerido, se traduce en una disminución de la digestibilidad y ocasiona heces más húmedas, que pueden transformarse en heces blandas. Además, la digestión de los glúcidos puede modificar la absorción de los demás componentes de la ración, como las proteínas, ciertos electrolitos y el agua. En el perro, una baja digestibilidad del almidón reduce las digestibilidades prececal y total de las proteínas, al mismo tiempo, se observa una disminución importante de la absorción de sodio y potasio. Por último, el turn-over hídrico intestinal también se modifica por la ingestión de glúcidos poco digeribles, lo que representa un elemento muy negativo para el perro de deporte.

El perro puede digerir grandes cantidades de proteínas, particularmente de origen animal (en realidad, las proteínas vegetales – salvo excepciones: factores antitrípsicos – sólo plantean problemas debido a los glúcidos que se asocian a ellas). En general, los problemas digestivos relacionados con los aportes proteicos son relativamente raros en el perro. Sin embargo, pueden revestir una mayor importancia en el perro de deporte. Así, el consumo de prótidos resistentes a las proteasas pancreáticas pero biodegradables (escleroproteínas de plumas, colágeno de los tendones y pezones, huevos insuficientemente cocinados, etc.) puede producir disbacteriosis intestinales que comprometen la digestión global de la ración, aumentan el volumen fecal y contribuyen de manera importante a la aparición de diarreas.

Por último, se deben considerar los lípidos, ya que constituyen la fuente de energía preponderante del perro de deporte. Asocian las ventajas de ser de excelente apetencia y alta digestibilidad, y el perro los tolera bien (si su calidad organoléptica es óptima). Cabe señalar que, desde el punto de vista cualitativo, dos categorías de ácidos grasos son de interés a nivel digestivo en el perro de deporte.

-    los ácidos grasos de cadena corta o media (aceites de coco, copra, palma, etc.), cuya digestión se efectúa fácilmente ya que es pasiva y no necesita la intervención de sales biliares;

-    los ácidos grasos esenciales de la serie omega-3 (principalmente aceites de pescado purificados) que, debido a sus calidades antiinflamatorias locales, contribuyen a conservar la integridad de la mucosa intestinal; en efecto, en el perro de deporte, cuando el bolo alimenticio es demasiado importante o demasiado rico en fibras, esta mucosa puede sufrir microerosiones traumáticas;

Por lo tanto, para que la energía esté fácilmente disponible y pueda ser rápidamente utilizada por el organismo durante el esfuerzo, parece ser indispensable orientarse hacia alimentos hiperdigeribles, de volumen alimentario y fecal reducidos, que tengan en cuenta en su elaboración los elementos mencionados anteriormente. Por otro lado, esto puede apreciarse de manera simple comparando el volumen fecal con el volumen ingerido, siendo la relación óptima para el perro de deporte de 45 a 50 gramos de heces por 100 gramos de materia seca ingerida. Este objetivo, difícil de alcanzar con raciones caseras, se obtiene todavía muy raramente con los alimentos industriales.

En este contexto de aprovisionamiento de las células musculares en energía, se debe considerar el control hormonal del metabolismo energético durante el ejercicio físico. En efecto, los factores hormonales desempeñan un papel determinante en la movilización y la utilización de los diversos substratos energéticos.

De manera esquemática, las hormonas actúan ya sea a nivel de un receptor de membrana, estimulando la producción de un segundo mensajero, o, después de atravesar la membrana, uniéndose a un receptor citoplasmático. El primer modo de acción consiste en una modificación de la actividad de ciertas reacciones enzimáticas y se trata de un proceso a corto plazo, mientras que el segundo aumenta la cantidad de material enzimático y tiene efectos a más largo plazo.

Durante el ejercicio físico, el organismo pone en marcha el conjunto de los mensajes hormonales; la magnitud de las variaciones depende de dos factores: la intensidad y la duración de la actividad. Durante el esfuerzo, la disminución de la insulinemia y el aumento de las concentraciones plasmáticas de glucagón y de catecolaminas son factores que pueden aumentar la producción y la utilización de las reservas de glúcidos. Por su parte, la movilización de las reservas lipídicas adipocitarias sólo depende del aumento del nivel de las catecolaminas plasmáticas y de la disminución de la insulinemia.

Si bien la movilización de las reservas lipídicas a partir del tejido adiposo depende de un control multihormonal, la utilización de los ácidos grasos libres plasmáticos (AGLP) parece estar influenciado por las relaciones entre metabolitos relativamente independientes de los factores hormonales. La penetración de los AGLP en la célula muscular se realiza por difusión y su oxidación celular está controlada por etapas enzimáticas cuya actividad está regulada por la actividad de otras vías metabólicas, como la glucólisis.

Desde el punto de vista metabólico, la valorización del concepto de energía óptima implica tener en cuenta estos datos de adaptación hormonal y enzimática. Así, en el perro de deporte, la administración excesiva de glúcidos que no son de membrana (almidones y azúcares) puede exacerbar un aumento del almacenamiento glucogénico, favoreciendo la anaerobiosis láctica durante el esfuerzo, con producción excesiva de lactatos. Por otro lado, si se distribuyen al perro azúcares rápidos antes de un entrenamiento o una competición, se produce una hipoglicemia secundaria importante al principio del esfuerzo, como consecuencia de una reacción insulínica de rebote.

Durante los esfuerzos de larga duración, el aporte energético alimenticio debe ser cubierto mayoritariamente por materias grasas. Pero las adaptaciones hormonales y enzimáticas mencionadas hacen necesario que la incorporación de materias grasas en la ración se realice de manera progresiva. En estas condiciones, los niveles altos de materias grasas permiten mejorar sensiblemente el rendimiento deportivo del perro que trabaja en resistencia, al mismo tiempo que se reduce el volumen de la ración diaria y se limita el impacto de las diarreas de estrés.

Þ Factores de variación del rendimiento energético

La energía que se proporciona al perro debe adaptarse cualitativamente al objetivo fisiológico que se quiere alcanzar y al tipo de metabolismo energético implicado. La acumulación de residuos metabolizables o ciertos riesgos de bloqueos metabólicos pueden disminuir de manera importante el rendimiento energético muscular.

Así, una acumulación de lactatos en sangre demasiado importante puede obstaculizar la lipólisis tisular y, debido a esto, disminuir la eficacia del metabolismo aeróbico, mientras que la liberación de protones resultante provoca una caída del pH intramuscular que interfiere con el conjunto de las reacciones energéticas. La acumulación de potasio extracelular podría potenciar aún más estos fenómenos. Del mismo modo, el hipercatabolismo nitrogenado de esfuerzo puede exagerar la liberación de amoníaco y aumentar la fatiga muscular. Por último, una disminución muy importante de la glucemia o la carencia de aminoácidos glucoformadores (insuficiencia global del aporte proteico) podría tener como resultado un verdadero bloqueo metabólico durante los esfuerzos de resistencia extrema, debido a la acumulación de cuerpos cetónicos, incluso si en el perro el riesgo es bajo, dada su capacidad para valorizar estos últimos en la producción de energía.

Por lo tanto, el ajuste de los aportes cualitativos de energía debe permitir paliar estos riesgos, tanto más cuanto que ciertos nutrientes ergogénicos permiten mejorar el rendimiento energético muscular (véase el capítulo correspondiente).

 

Impacto nutricional del estrés

Si bien el concepto de estrés tal como fue definido por Selye es vasto, es cierto que el perro de deporte está sometido, como cualquier otro deportista, a un estrés tanto orgánico (entrenamiento, competición, etc.) como psicológico (transporte, entorno psicológico, espectadores, temperatura, ruidos, etc.). Al igual que el estricto gasto de energía inducido por el esfuerzo, todo esto contribuye a modificar las necesidades nutritivas del animal. Actualmente, ciertos autores proponen ampliar el concepto de estrés más allá de la respuesta central del organismo. La respuesta central catecolaminérgica corresponde de manera característica a las diversas perturbaciones emocionales y se puede atenuar mediante la reducción o la eliminación del componente emocional de toda situación estresante. De hecho, la importancia relativa del componente central del estrés disminuye cuando se repite una misma situación, lo que en nuestro caso se puede asimilar a una de las consecuencias importantes de un entrenamiento llevado a cabo correctamente.

Þ Estrés y proteínas

El estrés de esfuerzo modifica la regulación de la síntesis y de la actividad de la serotonina cerebral (5-hidroxitriptamina o 5HT). Este neurotransmisor, cuyo precursor es el triptófano, interviene en la regulación de numerosas funciones fisiológicas (ingestión, sueño, tensión sangnea, metabolismo energético, etc.). El metabolismo cerebral de la serotonina aumenta con el esfuerzo, en relación con el tipo de entrenamieno. Por lo tanto, la primera consecuencia nutricional del estrés de esfuerzo en el perro es el incremento de los requerimientos de aminoácidos neutros y de triptófano, en otras palabras, de proteínas de buena calidad ricas en aminoácidos esenciales (alto valor biológico), pero todavía no es posible cuantificar con precisión este fenómeno.

Los resultados de numerosos estudios llevados a cabo en el perro de trineo, muestran que el estrés es responsable de la emergencia de procesos anémicos a veces graves, cuya prevención implica un aporte proteico alimenticio mínimo que corresponda, por lo menos, al 30 ó 35 % de la energía metabolizable de la ración, en forma de proteínas de buena calidad.

Correlativamente al contenido energético de la ración del perro de deporte, el contenido proteico debe entonces situarse por arriba del 35 % de la materia seca. En el perro, el estrés corresponde a un estrechamiento de la gama de necesidades energéticas, que en condiciones de mantenimiento es muy amplia.

 

Estrés oxidativo de membrana y sus consecuencias

Þ Concepto de estrés oxidativo celular

En el curso del metabolismo celular, las reacciones bioquímicas en las que participa el oxígeno generan permanentemente compuestos tóxicos, denominados radicales libres. Así, el oxígeno estable (O2) puede originar compuestos activos, como oxígeno singlete ('O2), radical libre superóxido (O2°) e incluso radical hidroxilo (OH°). Las investigaciones llevadas a cabo estos últimos años han demostrado claramente que estos radicales libres están implicados en los mecanismos inflamatorios, en particular durante el esfuerzo. Habida cuenta del estrés inducido por el ejercicio físico, los radicales libres están considerados actualmente como una causa fundamental de lesiones que afectan la totalidad de la célula, incluyendo las proteínas, los ácidos nucleicos y, sobre todo, los ácidos grasos de membrana.

Los radicales libres pueden iniciar reacciones radiculares autoamplificadas que, cuando superan las capacidades reactivas de los sistemas antioxidantes del organismo, provocan numerosas oxidaciones moleculares que afectan en particular los lípidos insaturados de membrana. Aparentemente, estos compuestos también podrían formarse a causa de una influencia mecánica de tipo compresión articular o traumática.

La peroxidación de los ácidos grasos poliinsaturados de los fosfolípidos de membrana debilitan su cadena carbonada, que termina rompiéndose. Esto ocasiona una disminución de la fluidez y la resistencia de la membrana, produciendo modificaciones de los intercambios a través de la misma, que en el caso que nos interesa, se suman a las generadas por los procesos hipóxicos de altitud. Como resultado de estas destrucciones, se forman productos terminales, que a continuación se eliminan (aldehído dimalónico, por vía urinaria; alcanos, esencialmente pentano y etano, por vía respiratoria). Los hidroperóxidos formados se liberan en el citoplasma, siendo disponibles para formar nuevos radicales libres. Además de las modificaciones estructurales celulares inducidas, estos últimos desnaturalizan ciertas proteínas y producir una caída de las actividades enzimáticas citoplasmáticas. Por otro lado, este proceso participaría en la aparición de la fatiga muscular durante el esfuerzo.

Así, la peroxidación de los lípidos de membrana conduce a una disminución de la fluidez y la deformabilidad de las células, a la incapacidad de éstas para mantener sus gradientes iónicos, a un henchimiento celular global y al desarrollo de un proceso inflamatorio tisular.

Þ Efectos relacionados con el ejercicio físico

El esfuerzo, incluso moderado, genera radicales libres en el músculo, los cuales inducen peroxidaciones de los ácidos grasos poliinsaturados de membrana. Aún no se conocen bien los mecanismos exactos del estrés oxidativo de esfuerzo, que parece ser mejor soportado por los individuos entrenados puesto que su intensidad permanece moderada. Este efecto protector del entrenamiento podría deberse a una disminución de las cantidades disponibles de hierro. Numerosos estudios recientes han correlacionado las concentraciones de hierro libre con la bioquímica de los radicales libres durante diversos procesos patológicos; aparentemente, por efecto del estrés de esfuerzo, el hierro libre difundiría en la membrana, donde interactuaría con el ácido ascórbico y los grupos tioles para iniciar la lipoperoxidación. Por último, el entrenamiento de resistencia aumenta de manera significativa (del 50 al 70 %) las concentraciones de enzimas antioxidantes (glutatión peroxidasa, glutatión reductasa, glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, catalasa) en los músculos cardíacos y esqueléticos.

Si bien el entrenamiento para el esfuerzo de fondo parece contribuir a la lucha contra estos fenómenos nefastos, un cierto número de ajustes nutricionales también deben permitir prevenir, al menos en parte, estos fenómenos perjudiciales.

Þ Enfoque nutricional de los fenómenos de peroxidación de membrana

Como hemos establecido claramente, en el caso de un ejercicio físico intenso, el estrés oxidativo produce la aparición de especies oxigenadas reactivas que provocan la degradación de diversos componentes celulares.

El organismo dispone de medios de defensa contra esta producción de radicales libres y puede, ya sea luchar contra éstos, ya sea reparar los daños tisulares inducidos. Este sistema de defensa antioxidante esta constituido por:

-    enzimas, principalmente la superóxido dismutasa, la glutatión peroxidasa y la catalasa, pero también otras estructuras enzimáticas secundarias, como la glutatión reductasa, la glucosa-6-fosfato deshidrogenasa y la glutatión S transferasa;

-    nutrientes antioxidantes que actúan como destructores de los radicales libres producidos, siendo los más conocidos las vitaminas E y C, el b-caroteno y el selenio;

-    antioxidantes secundarios activos in-vivo, como los uratos, la xantina deshidrogenasa y la ubiquinona o los célebres polifenoles del vino de Burdeos...

·      Vitamina E

Sin lugar a dudas, el a-tocoferol (vitamina E) constituye el principal destructor de radicales libres de membrana y lipoproteicos, al inhibir la lipoperoxidación por ruptura de las cadenas de los radicales peroxidados o por captura de oxígeno singlete. Numerosos estudios sobre la carencia de vitamina E en animales han demostrado claramente que ésta aumentaba de manera muy importante la sensiblidad de la célula a los procesos de lipoperoxidación.

Por otro lado, la deficiencia de vitamina E es responsable de una alteración neta del rendimiento físico, en particular, de las capacidades de resistencia de los animales, estén entrenados o no. Además, el entrenamiento de resistencia provoca una disminución importante de los niveles musculares de vitamina E.

Existen menos estudios concerniendo los efectos de una suplementación con vitamina E sobre las consecuencias del estrés oxidativo de esfuerzo.

Desde 1996, la UMES ha llevado a cabo varias experiencias científicas de campo, en colaboración con el centro de investigaciones Royal Canin (expedición "Chien de Cimes – Licancabur" y pruebas con los perros de trineo del francés Jacques Philip, realizadas en Alaska y Wyoming), con el objeto de determinar el interés profiláctico y las dosis eficaces de vitaminas E proporcionada en la alimentación. Los resultados obtenidos muestran que en la mayoría de los casos, un aporte de 400 UI (mg) por kilogramo de alimento consumido representa una proporción óptima para el perro de deporte o de trabajo. Sólo en condiciones extremas (carreras de trineo de larga distancia, trabajo en hipoxia de altitud, etc.) se justifica duplicar, o incluso triplicar, estas dosis.

·      Vitamina C

El ácido ascórbico es el antioxidante hidrosoluble más importante, capaz de destruir numerosos radicales libres, como los radicales peróxido, los tioles, los hidroxilos, los superóxidos y el oxígeno singlete. También participa de manera directa en la regeneración de la vitamina E en la célula. Pero en presencia de metales de transición (hierro, cobre) en forma libre, la vitamina C actúa como un prooxidante, proceso que no puede ocurrir en condiciones normales puesto que los iones metálicos están quelatados, por ejemplo, por ferritina o transferrina.

Aunque el ácido ascórbico no constituye una vitamina para el perro, ya que éste es capaz de sintetizarlo, se ha demostrado claramente la utilidad de efectuar una suplementación vitamínica C en situaciones de estrés, ya que el mismo produce una caída importante de la ascorbemia; en este caso, la posolgía óptima sería de 0,25 mg de ácido ascórbico por kcal EM consumida.

·      b-caroteno

El b-caroteno posee una actividad antioxidante que es totalmente independiente de su función provitamínca A. esta actividad constituye su principal función en el perro, especie incapaz de convertirlo en vitamina A. El b-caroteno actúa desactivando el oxígeno singlete y posee la propiedad de capturar los radicales peróxido. También se ha demostrado su eficacia antioxidante en procesos isquémicos. Sin embargo, todavía no se conocen sus mecanismos de acción precisos ni las dosis diarias óptimas.

·      Otros compuestos antioxidantes

Si bien las enzimas antioxidantes (la UMES trabaja actualmente sobre el interés de una superóxido dismutasa – SOD – vectorizada extraída del melón que parecería ser eficaz a dosis de 10 a 20 mg/kg de peso corporal), el a-tocoferol, el ácido ascórbico y el b-caroteno constituyen los medios de defensa más eficaces del organismo contra el estrés oxidativo celular, ciertas moléculas pequeñas, la mayoría de las cuales no están directamente relacionadas con la alimentación, también cuentan con un potencial antioxidante. Los ubiquinoles son las formas reducidas de las ubiquinonas, transportadores de electrones de la cadena respiratoria; se ha mostrado que la presencia de substratos respiratorios favorecía la lucha contra la peroxidación de las membranas mitocondriales, al mantener un nivel elevado de ubiquinona en forma reducida. Los ubiquinoles no desactivaría de manera directa los radicales lipídicos, como hace el a-tocoferol, sino que participarían en la regeneración de este último, presente en las membranas mitocondriales como el ácido ascórbico.

El ácido úrico es hidrosoluble y posee propiedades antioxidantes importantes. Captura de manera eficaz numerosos tipos de radicales hidrosolubles, degradándose de manera irreversible. También disminuye de manera significativa la reactividad del hierro libre con respecto a las especies oxigenadas activas al complejarlo. Por otro lado, actualmente se están llevando a cabo investigaciones con el objeto de desarrollar fármacos antioxidantes a partir de derivados alquilados del ácido úrico y del 5,6-diaminouracilo.

Como se puede apreciar, los antioxidantes nutricionales constituyen un enfoque a la vez nuevo y eficaz de la prevención y la lucha contra los efectos del estrés en el perro. Cabe destacar que los antioxidantes también encuentran una aplicación importante en esta especie para aumentar la esperanza de vida del perro, al combatir los fenómenos de envejecimiento celular (geriatría) o ciertas afecciones patológicas, como la proliferación tumoral, la catarata o las enfermedades cardiovasculares.

 

Deshidratación y consecuencias hidroeléctricas

La deshidratación constituye un problema mayor en el perro de deporte, tanto más cuanto que modifica el equilibro iónico y el equilibro ácido-base del animal, aumentando así los riesgos de rabdomiólisis, colapso o síndrome tetaniforme postesfuerzo.

Los trabajos recientes de Blythe en el Greyhound de carrera han puesto en evidencia elementos importantes. En las carreras norteamericanas, una variación de peso de más 1 kg con respecto al peso anunciado, en la pesada del perro que precede a cada carrera, ocasiona la eliminación del animal de la competición. Tras la pesada, se mantienen los perros calificados en una perrera común, donde no se los puede abrevar (para prevenir los riesgos de doping), hasta el momento de la carrera. Al cabo de este período, que dura entre dos y seis horas, se vuelven a pesar los animales 20 minutos antes de la carrera. Cuando la pérdida de peso entre las dos pesadas supera 1,5 kg, se consulta al veterinario de la carrera, que autoriza o no la participación del animal en la competición. Las pérdidas urinarias y salivares de agua relacionadas con el estrés que constituye esta espera pueden ocasionar pérdidas hídricas importante antes del esfuerzo. En esa situación, el 5 % de los perros presenta una deshidratación superior al 2,4 %, sin que eso afecte a su rendimiento. Blythe concluye que dada la repetición de esos factores de deshidratación bien establecidos – debido a que existe una correlación clara entre el tiempo de espera en la perrera antes de la carrera y el grado de deshidratación –  y la afectación sistemática de los mismos perros, estos últimos deberían ser identificados y participar solamente a las cinco primeras competiciones de un mismo encuentro de, a fin de reducir su espera en la perrera. Este tipo de reglamentación, que establece la interdicción de dar de beber los perros durante la espera, tiende a generalizarse en las carreras europeas. Esto hace resaltar el aspecto negativo de los reglamentos antidoping, cuya rigidez roza con la estupidez, a pesar de que su objetivo sea el respeto del animal.

Aún no se ha definido claramente el impacto real de la deshidratación extracelular secundaria a esfuerzos breves e intensos en el perro. Luego de un esfuerzo, se observa un cierto número de modificaciones importantes:

-    aumento de la natremia, correlacionado con la hiperlactacidemia;

-    caída de la potasemia y de los niveles de bicarbonatos;

-    disminución constante de la magnesemia;

-    retorno a la normalidad después de dos horas de recuperación.

Las necesidades reales de potasio dependen de dos factores esenciales: el estatus potásico previo del organismo del atleta y las pérdidas inducidas por el esfuerzo. Trabajos antiguos describen un aumento de las concentraciones musculares de potasio en el animal entrenado; así, en los individuos correctamente entrenados, las concentraciones de potasio en las masas no grasas del organismo son netamente superiores que en los individuos sedentarios. En consecuencia, los programas de entrenamiento cortos conducen a un aumento del nivel total de potasio en el organismo, pero este fenómeno parece deberse a un incremento de la masa corporal relativa. De esto se deduce que el atleta que se entrena necesita un aporte alimenticio enriquecido en potasio, a fin de cubrir un incremento de la demanda relacionado con los aumentos de la masa muscular y de la concentración de potasio intramuscular.

Sea como sea, la hipopotasemia también puede resultar de pérdidas digestivas durante diarreas de estrés, ingestiones de sodio demasiado importantes o ejercicios llevados a cabo con temperaturas exteriores demasiado elevadas. Esto podría ocasionar un aumento de la excitabilidad muscular y cardíaca, pérdidas de enzimas intracelulares e incluso extracístoles supraventriculares, ocasionado el conjunto de estas alteraciones una disminución importante del rendimiento físico.

Por lo tanto, resulta claro que en el caso del perro de deporte, es necesario implementar una complementación en potasio, que debe incluirse en los alimentos completos.

El magnesio es un catión responsable de la activación de aproximadamente 300 sistemas enzimáticos. En particular, a nivel de la membrana, desempeña el papel de activador de la Na-K-ATPasa, enzima que hace funcionar la bomba de sodio y permite la entrada de potasio en la célula.

En el animal entrenado, se ha descripto un aumento del contenido celular de magnesio. Las modificaciones que conciernen al magnesio durante la actividad física dependen esencialmente de la duración del esfuerzo. Un ejercicio físico breve (carrera de galgos) provoca un aumento significativo de la magnesemia (entre el 10 y 20 %, sin dudas relacionado con el incremento del hematocrito), mientras que un esfuerzo de larga duración, cualquiera que sea su naturaleza (caza, trineo, etc.), se acompaña de una caída de la magnesemia de entre 2 y 5 mg/l. Esta última es tanto más importante cuanto que afecta a la fracción libre de magnesio citoplasmático, que representa aproximadamente el 65 % del magnesio circulante total. El magnesio plasmático es captado por los glóbulos rojos, las células musculares y los adipocitos. Dado que no existen reservas orgánicas lábiles de magnesio, esta hipomagnesemia postesfuerzo puede conducir a la aparición clínica de espamos musculares, a veces tetaniformes, en animales mal entrenados y que hayan padecido una lipólisis tisular intensa. Por consiguiente, también parece necesario aumentar los niveles de los aportes alimentarios de magnesio que se proporcionan al perro de deporte, tanto más cuanto que el incremento de la concentración de grasas de la ración afecta a la digestibilidad de este elemento mineral.

La mayoría de los casos de deshidratación y de perturbaciones electrolíticas observadas en el perro de deporte resultan de una ingesta de agua insuficiente (durante un esfuerzo de larga duración, las necesidades hídricas se multiplican por dos o tres), del estrés o de modificaciones inducidas del metabolismo mineral.

 

Ajustes minerales y vitamínicos necesarios

Respecto a los minerales, es necesario diferenciar los enfoques relativos al esfuerzo de corta duración y al de larga duración, así como tener en cuenta el tamaño de cada perro en particular.

Así, se deben aumentar levemente los aportes de calcio en el perro que practica un esfuerzo breve o de duración media, para prevenir los dolores articulares y los procesos osteofibróticos frecuentes en el perro de deporte. Sin embargo, en este caso es necesario limitarse a formas estrictas, a fin de no incrementar el riesgo de osteocondrosis.

Por otro lado, los regímenes ricos en grasas destinados a los perros que realizan esfuerzos de larga duración pueden estimular las pérdidas fecales de calcio y magnesio (formación de jabones). Por lo tanto, es necesario establecer una relación entre el contenido de materias grasas de la ración y su concentración de calcio.

Concerniente al magnesio, hemos estudiado sus modificaciones plasmáticas durante el esfuerzo y postulado que se debe  aumentar su concentración en el alimento, en particular cuando éste está enriquecido en grasas. En el perro de deporte, una deficiencia crónica de magnesio ocasiona los siguientes trastornos:

-    disminución de la resistencia física;

-    menor adaptación al calor y al frío;

-    pérdida de motivación;

-    modificación de la excitabilidad neuromuscular;

-    astenia asociada a calambres;

-    laxitud ligamentosa.

En cuanto al cloruro de sodio, es necesario limitar sus aportes, ya que el perro transpira muy poco a través de los espacios interdigitales. Un consumo excesivo de sal, basado en recomendaciones para el Hombre o el caballo, induce fácilmente poliuria y polidipsia. En climas calurosos o muy fríos, esto puede provocar deshidratación extracelular y colapso. También pueden producirse diarreas cuando se utilizan soluciones electrolíticas para caballos (frecuente en el mundo del deporte canino).

El conjunto de los oligoelementos, sin entrar en detalles, se debe administrar en proporción doble con respecto al mantenimiento, a fin de contar con márgenes de seguridad, tener en cuenta la concentración energética más alta de los alimentos y paliar los efectos antagonistas del calcio sobre su digestibilidad. Se debe prestar una atención particular a los oligoelementos siguientes:

-    hierro, que contribuye a prevenir los procesos anémicos; es importante evitar todo exceso de hierro por razones estrictamente digestivas, ya que frecuentemente, las sales de hierro son responsables del aspecto hemorrágico de las diarreas de estrés y de los sangrados rectales;

-    cobre, que también puede contribuir a prevenir ciertas anemias y mejora la solidez de la trama ósea y de los cartílagos;

-    cinc, que interviene en la contracción muscular y es el metal activo de la enzima LDH y de la proteína de transporte plasmático de la vitamina A;

-    yodo, que activa la función tiroidea y puede contribuir a prevenir las miodistrofias;

-    selenio, que mantiene la integridad de la célula muscular, en asociación con la vitamina E.

Por último, con respecto a las vitaminas, se deben distinguir dos prácticas: la preparación biológica a largo plazo y una especie de "doping", que se practica a menudo en el momento de la carrera. Cabe destacar que, si bien la primera está completamente justificada, la sobredosis vitamínica durante los días o las horas que preceden a una competición es de poco interés o incluso de interés nulo. Las vitaminas C, B y E son las únicas cuyo efecto beneficioso ha sido demostrado en el perro de deporte.

Actualmente se cuenta con un cierto número de datos científicos claramente establecidos relativos a las especificidades nutricionales del perro de deporte. Estas necesidades, que pueden parecer desmedidas al utilizador, constituyen una de las claves del éxito en competición y en el trabajo operacional, dentro de un campo de actividad en continuo desarrollo.

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